Para potenciar la seguridad en las operaciones financieras que se realizan a través de la Web, o través de los móviles, había que sumar un factor adicional. Los tradicionales passwords que se usaban para autenticar a los usuarios ya no ofrecían las garantías necesarias para frenar los potenciales riesgos de fraude o de suplantación de identidad. En los hechos, las alternativas que se fueron sumando fueron por un lado el certificado digital, y por el otro el token digital, que son dos caminos diferentes para agregar seguridad en las operaciones que se efectúan por los canales virtuales. Originalmente, muchas entidades financieras habían optado por entregar un token físico –es decir un dispositivo que generaba claves aleatorias para ingresar en las operaciones como segundo factor de seguridad-. Pero ese camino resultaba algo costoso, y además, en la medida en que se fueron masificando los teléfonos celulares en los diferentes sectores sociales, también dejó de tener sentido. ¿Cómo ...
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